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700 Sacerdotes o
diáconos removidos desde 2002
Zenit
Washington
Unos 700 sacerdotes o diáconos han sido removidos de su
ministerio en las diócesis católicas de los Estados Unidos desde
el año 2002, tras las medidas que tomaron los obispos para
afrontar los casos de abusos sexuales, revela el presidente del
episcopado.
Monseñor Wilton Gregory, obispo de Belleville (Illinois), dio el
dato el 27 de febrero en una rueda de prensa celebrada en
Washington para presentar dos informes: uno recoge todas las
acusaciones contra clérigos católicos en los Estados Unidos
entre 1950 y 2002; el otro hace recomendaciones.
“Los obispos de los Estados Unidos hemos enfrentado el problema,
lo hemos aclarado y hemos echado fuera de la Iglesia a los
sacerdotes abusadores”. Y agregó: “Les aseguro que los ofensores
conocidos ya no están en el ministerio sacerdotal”.
“La terrible historia grabada en los estudios presentados, es
eso: historia”, añadió.
Las investigaciones, que fueron encargadas por el episcopado al
Colegio John Jay de Justicia Criminal, revelan que se han dado
10,667 casos de denuncias (no condenas) contra clérigos en los
52 años analizados.
Cerca del 4% de los clérigos estadounidenses –4,392 de un total
de 109,694 entre sacerdotes y diáconos– han sido acusados de
abusos (lo cual no significa que se ha demostrado su
culpabilidad).
Más del 80 por ciento de las presuntas víctimas del informe son
de sexo masculino, y más de la mitad en el momento de los hechos
tenían entre 11 y 14 años.
Los mismos expertos reconocieron que es difícil determinar
cuántas acusaciones eran realmente comprobadas, pues muchos de
los acusados ya han muerto. En esos años, 615 sacerdotes fueron
denunciados ante la policía y 100 sentenciados a penas de
prisión.
De hecho, una tercera parte de las denuncias recogidas en el
informe se registró en el año 2002. Muchas de estas acusaciones
se refieren a sucesos que se remontan presuntamente a hechos que
pudieron ocurrir hace cincuenta años. Antes de 1990, menos del
17 por ciento de los casos fueron conocidos por las autoridades
eclesiales.
Dado que la gran mayoría de las denuncias tienen por víctimas a
varones, durante su conferencia de prensa el Obispo Gregory fue
interrogado una y otra vez sobre si se va a permitir la entrada
de homosexuales a los seminarios de la Unión Americana.
El presidente del episcopado respondió: “No vamos a examinar,
solamente, la orientación homosexual; no queremos a nadie en el
seminario que posea una conducta o una orientación
psicológicamente insana sobre su sexualidad, una orientación que
pueda distorsionar la visión que ellos tengan sobre sí mismos”.
Otro informe, el de las recomendaciones, que fue entregado a los
obispos por el Comité Nacional de Revisión Católica, encabezado
por Robert S. Bennett, ex procurador federal de justicia y en el
que participa, entre otros, el ex jefe de gabinete de la
administración de Bill Clinton, Leon E. Panetta, intenta
clarificar las causas de la crisis.
El informe del Comité de Revisión dice que la cuestión central
es si el candidato a sacerdote es capaz de afrontar la castidad
y el celibato y no su orientación sexual.
“Sin embargo –agrega– dada la naturaleza del problema de los
abusos de clérigos a menores; la realidad de la cultura actual y
la atmósfera exclusivamente masculina de los seminarios, se hace
necesario un mayor esfuerzo de investigación previo, para
persuadir y apartar del seminario y del ministerio a hombres con
tendencia homosexual”.
El Arzobispo de Denver, Mons. Charles Chaput, y su obispo
auxiliar, declaraban en una carta publicada la semana pasada que
este informe pedido por la Iglesia “no tiene precedentes”.
“Ninguna otra comunidad, institución u organización nacional se
ha comprometido a realizar una investigación así”, añadían los
prelados.
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