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Seis
toneladas de arroz para Haití
Y
más en camino, para aliviar las necesidades
de la nación más pobre del hemisferio
Ana Rodríguez-Soto
The Florida Catholic
Gracias a la generosidad de los católicos del sur de la Florida,
las personas que viven en la diócesis más pobre de Haití
recibieron el mes pasado 24 cargamentos de comida, vitaminas y
suministros médicos, incluyendo 12,000 libras de arroz y
frijoles.
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Junto a la catedral de Port-de-Paix, una madre y sus hijos
esperan los alimentos enviados por los católicos del sur de la
Florida.
Fotos: Cortesía de
Amor en Acción |
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Otros 30 cargamentos de ayuda serán embarcados este mes por Amor
en Acción, el grupo misionero laico que durante 20 años ha sido
el vínculo entre Miami y su diócesis hermana, Port-de-Paix, en
el norte de Haití.
La ayuda, que llegó el 2 de abril, fue recaudada por casi dos
docenas de parroquias, escuelas y grupos de oración de la
arquidiócesis, así como por Caridades Católicas. Corporaciones
privadas como Burger King, Pal Lab y Phar Med, y varias
iglesias cristianas, incluyendo una de Tampa, también
contribuyeron.
El envío llegó en el momento de mayor necesidad para la gente
más empobrecida de la nación más empobrecida del Hemisferio
Occidental: sólo unas pocas semanas después que una crisis
política paralizó todos los aspectos de la vida en el país.
“Lo que enviamos fue totalmente para la diócesis de Port-de-Paix,
porque sabemos que esa diócesis es la que va a recibir menos”,
dijo Teresita González, coordinadora de Amor en Acción. “No es
tanto como nos hubiera gustado, pero esto permite que las
parroquias le respondan a su gente”.
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Alimentos y otros suministros son transportados hacia una remota
capilla de la parroquia St. Anne, en Port-de-Paix. Aunque sólo
hay 17 parroquias en la diócesis hermana de la de Miami, cada
parroquia tiene entre 5 y 23 capillas, que atienden a las
personas de la distante región montañosa. |
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González describió los meses de marzo y abril como una temporada
en que los haitianos, especialmente los de Port-de-Paix, se
lanzaron a una “errática búsqueda de comida”.
“Bajo circunstancias normales, no hay muchos empleos estables”,
dijo González, explicando que la mayoría de los haitianos sale
todos los días en busca de trabajos eventuales, como obras de
construcción o en los muelles.
En marzo y abril, añadió, “hasta los trabajos eventuales
estuvieron paralizados”, y los bancos locales se quedaron sin
dinero.
Los muelles de Port-au-Prince estaban cerrados, lo que impidió
recibir envíos de ayuda procedentes del exterior. Las carreteras
de la capital a otros lugares del país no eran seguras, pues la
policía haitiana había huido de sus puestos durante la crisis, y
las fuerzas de seguridad de otros países, entre ellos Francia y
los Estados Unidos, no habían llegado.
Pero, incluso cuando la ayuda fluye hacia el resto del país,
explicó González, “Port-de-Paix no la recibe”.
González calificó la carretera de Port-au-Prince a Port-de-Paix
como nueve horas en un purgatorio de lodo y piedras, “el peor
tramo de carretera en todo el país”.
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Este camión, conducido por el Diácono Peter Batty, salió de St.
Mary Star of the Sea, en Cayo Hueso, con siete toneladas de
alimentos y suministros médicos, recaudados en las parroquias de
los Cayos, para su envío de Miami a Haití. |
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Port-de-Paix fue también la última región del país donde se
restableció algo semejante a la seguridad.
“Tuvieron que organizarse ellos mismos. Pero ahora debería haber
allí una presencia policial. Se les prometió a finales de abril”,
señaló González, que está en contacto permanente con
funcionarios diocesanos de Port-de-Paix.
Según la opinión de González, los católicos de la región han
estado cumpliendo con su deber.
“Lo que la gente hizo aquí fue algo muy impresionante”, afirmó,
añadiendo que es difícil calcular el valor de la comida, las
medicinas y las vitaminas que fueron enviadas a Port-de-Paix,
aparte de los $8,139 en donaciones en efectivo. Una colecta
arquidiocesana especial aportó más de $128,000, suma que se
envió directamente a la conferencia de obispos haitianos.
Cerca de $3,000 de los $8,000 recaudados por Amor en Acción se
destinaron a comprar las 12,000 libras de arroz y frijoles. El
resto se está empleando en sufragar los gastos de envío. Más de
30 voluntarios aportaron 285 horas de trabajo para recoger,
empacar y enviar las donaciones de comida y artículos.
González señaló que Amor en Acción emplea los mismos canales de
envío que el pueblo haitiano, recurriendo a relaciones
individuales que se han fomentado a lo largo de los 10 últimos
años.
El grupo también
hace envíos directos a Port-de-Paix, “una pequeña bahía de bolsa
[que] es la única entrada practicable en la distante costa del
noroeste”. El navío de transporte se descarga aproximadamente a
una milla de la costa, en botes y balsas.
“Nunca hemos perdido nada. Esto es realmente impresionante,
considerando la forma en que se realiza la descarga”, comentó
González.
Incluso después que el segundo envío salga este mes, Amor en
Acción seguirá recaudando suministros para ayudar a la población
de la diócesis más pobre de Haití.
“Los suministros médicos son extremadamente necesarios, y no
hemos conseguido tantos como necesitamos”, dijo González,
añadiendo que, en este momento, las donaciones en efectivo son
lo más apropiado.
“Nos resulta difícil transportar la comida en verano, poque los
voluntarios escasean. Si dispongo del dinero, tengo más
facilidad para ver lo que puedo comprar y lo que puedo hacer.
También tengo que pagar los gastos de envío”.
A largo plazo, sin embargo, Haití y su pueblo necesitarán mucha
más ayuda de la que los católicos de la arquidiócesis puedan
ofrecerles.
“Ayuda estable”, señaló Gonzá-lez. “No una ayuda que vaya a
desaparecer con el tiempo. Un compromiso permanente para el
desarrollo de proyectos, carreteras y agua”.
Las necesidades son tan básicas, que Amor en Acción está
ayudando a las parroquias de Port-de-Paix a iniciar proyectos
para la purificación del agua.
La penetración del agua salada “está llegando realmente tierra
adentro”, explicó González. “Es un problema ecológico serio que
afecta las vidas humanas. La gente tiene sed. Hay que caminar
millas para conseguir agua”.
Una ayuda así es consecuente con la filosofía de Amor en Acción,
añadió.
“No se trata de que yo envíe comida, y ya cumplí. Si uno sabe
que esto es lo que va a resolver el problema, vamos a hacerlo
juntos”.
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