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Reflexiones
católicas sobre la Biblia
Arquidiócesis de Miami -
Ministerio de formación cristiana

4 de julio de 2004
14o Domingo del Tiempo Ordinario [Ciclo C]
Lectura
del Evangelio según San Lucas 10:1-13
En aquel tiempo, el Señor eligió a otros setenta y dos
discípulos y los envió de dos en dos, delante de él, a todas las
ciudades y lugares a donde él debía ir. Les dijo: “Hay mucho que
cosechar, pero los obreros son pocos; por eso, rueguen al dueño
de la cosecha que envíe obreros a su cosecha. Vayan, pero sepan
que los envío como corderos en medio de lobos. No lleven bolsa,
ni saco, ni sandalias. Y no se paren a conversar con alguien por
el camino. En la casa que entren digan como saludo: ‘Paz para
esta casa’. Si hay en ella alguien que merece la paz, recibirá
la paz que ustedes le traen; pero si no la merece, la bendición
volverá a ustedes. Quédense en esa casa, comiendo y bebiendo lo
que les den; porque el obrero merece su salario. No vayan de
casa en casa. En toda ciudad que entren y los acojan, coman lo
que les sirvan, sanen sus enfermos y díganle a la gente: ‘El
Reino de Dios ha llegado a ustedes’. Pero en cualquier ciudad
donde entren y no los acojan, salgan a las plazas y digan:
‘Hasta el polvo de la ciudad, que se nos ha pegado en los pies,
lo sacudiremos y se lo dejaremos. Pero, sépanlo bien: el Reino
de Dios está muy próximo’”.
Comentario breve:
Lucas es el único evangelista que narra el envío de los setenta
y dos. El número es simbólico porque de acuerdo a las enseñanzas
rabínicas, existían 72 naciones en el mundo. Esta información la
basaban en su interpretación del capítulo 10 del libro del
Génesis. Jesús envía a los discípulos “delante de él”, para
destacar que no eran ellos el centro de la proclamación, sino
los que anunciaban al que venía detrás de ellos. Esto nos
recuerda las palabras del Bautista cuando anunciaba la venida
del Señor.
Lucas explica lo que cuesta seguir a Cristo. Los discípulos son enviados a
un ambiente hostil, “como corderos en medio de lobos”, confiando
exclusivamente en la ayuda de Dios. Deben asegurarle a los
incrédulos, que el Reino de Dios ha llegado. Su rechazo no va a
impedir su manifestación.
Tres ideas importantes de la lectura:
-
Los
discípulos no deben poner su confianza en “lo que llevan”
con ellos para la misión, sino en el Señor a “quien”
proclaman. Deben ir “ligeros de equipaje”.
-
El don de la paz es más que un deseo de buena
voluntad, es la oferta del don de Dios, Shalom, paz,
la unidad y la armonía de todo en Dios.
-
Lucas propone la misión con urgencia. No
perdamos tiempo en convencer a los que no aceptan el mensaje
ni de tomar represalias contra los reacios a escucharnos. La
misión es urgente y los evangelizadores deben seguir su
camino.
Para la reflexión personal o comunitaria:
Para la reflexión:
-
¿Has tratado alguna vez de “obligar” a alguien a aceptar a Cristo? ¿Te has
sentido intimidado por algún evangelizador? Explica.
-
¿Crees que la paz de Cristo reina en tu hogar y centro de trabajo? ¿Puedes
hacer algo concreto para que haya más paz?
Lecturas recomendadas:
Catecismo de la Iglesia Católica, párrafos 2; 551; 849-852;
2305.

11 de julio de 2004
15o Domingo del Tiempo Ordinario [Ciclo C]
Lectura
del Evangelio según San Lucas 10:25-37
En aquel tiempo, se presentó un maestro de la Ley, y para poner a Jesús en
apuros le dijo: “Maestro, ¿qué debo hacer para conseguir la vida
eterna?” Jesús le dijo: “¿Qué dice la Ley, qué lees en ella?”
Contestó: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con
toda tu alma, con toda tu fuerza y con todo tu espíritu, y a tu
prójimo como a ti mismo”. Jesús le dijo: “Tu respuesta es
exacta; haz eso y vivirás”. Pero él quiso dar motivo de su
pregunta y dijo a Jesús: “¿Quién es mi prójimo?” Jesús empezó a
decir: “Bajó un hombre de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de
bandidos, que después de haberlo despojado de todo y de haberlo
molido a golpes se fueron dejándolo medio muerto. Por casualidad
bajaba por ese camino un sacerdote, quien al verlo pasó por el
otro lado de la carretera y siguió de largo. Lo mismo hizo un
levita al llegar a ese lugar: lo vio, tomó el otro lado del
camino y pasó de largo. Pero llegó cerca de él un samaritano que
iba de viaje, lo vio y se compadeció. Se le acercó, curó sus
heridas con aceite y vino y se las vendó. Después lo puso en el
mismo animal que él montaba, lo condujo a un hotel y se encargó
de cuidarlo. Al día siguiente, sacó dos monedas y se las dio al
hotelero, diciéndole: ‘Cuídalo. Lo que gastes de más, yo te lo
pagaré a mi vuelta’”. Jesús entonces preguntó: “Según tu parecer,
¿cuál de estos tres se portó como prójimo del hombre que cayó en
manos de los salteadores?” El contestó: “El que se mostró
compasivo con él”. Y Jesús le dijo: “Vete y haz tú lo mismo”.
Comentario breve:
¡Esta enseñanza es difícil de aceptar! Aparentemente, el escriba
pretende confundir a Jesús con una pregunta difícil, y Jesús
responde con una de las historias más bellas del Nuevo
Testamento: la parábola del buen samaritano. “¿Quién es mi
prójimo?”, pregunta el experto. Hubiera sido suficiente si Jesús
le hubiera enseñado que prójimo es todo aquel que ayuda al que
sufre. Sin embargo, la parábola va más allá e inserta la figura
de un samaritano. En los tiempos bíblicos, los samaritanos eran
odiados por los judíos. Sin embargo, es este samaritano
marginado el que presta la ayuda que el sacerdote y el levita
negaron.
Tres ideas importantes de la lectura:
-
En esta parábola, el que más ama no es el que
sabe más de Dios (el sacerdote), sino el que es considerado
como “no creyente” (el samaritano). Este fue un mensaje muy
difícil de aceptar para los judíos.
-
No debemos juzgar a las personas por sus títulos
religiosos o apariencias, sino por sus obras.
-
El conocimiento académico o intelectual de Dios
y de su voluntad no es suficiente para alcanzar la vida
eterna.
Para la reflexión personal o comunitaria:
Para la reflexión:
-
¿Cómo reaccionas ante los necesitados? ¿Qué motiva tus acciones? ¿La Ley?
¿La compasión? ¿El amor cristiano?
-
Piensa en cómo tratamos a los desamparados en nuestra sociedad. ¿Qué
podemos aprender de esta parábola?¿Estás llamado a ser un
buen samaritano con alguien que no pertenece a tu “grupo?”

18 de julio de 2004
16o Domingo del Tiempo Ordinario [Ciclo C]
Lectura
del Evangelio según San Lucas 10:38-42
En aquel tiempo, yendo de camino, entró Jesús en un pueblo y una
mujer llamada Marta lo recibió en su casa. Tenía ésta una
hermana de nombre María, que se sentó a los pies del Señor para
escuchar su palabra. Marta, en cambio, estaba muy ocupada con
los muchos quehaceres. En cierto momento se acercó a Jesús y le
preguntó: “Señor, no se te da nada que mi hermana me deje sola
para atender? Dile que me ayude”. Pero el Señor le respondió:
“Marta, Marta, tú te inquietas y te preocupas por muchas cosas.
Sin embargo, pocas cosas son necesarias, o más bien una sola
cosa es necesaria. María escogió la parte mejor, la que no le
será quitada”.
Comentario breve:
Según el relato, Marta es la anfitriona principal y
probablemente la dueña de la casa. Cuando Jesús llega, Marta
desea ofrecerle lo mejor de la hospitalidad judía tradicional,
pero se afana tanto que olvida prestar atención a las palabras
de su invitado. Muchas veces no comprendemos este pasaje. Jesús
no está criticando a Marta por servir y alabando a María por no
hacer nada. El no condena los esfuerzos de Marta, sino que la
invita a revisar sus prioridades.
Seguir a Cristo es sobre todo una relación íntima con él que implica
“estar” en su presencia “escuchando” su palabra. Esta relación
de amor es la “sola cosa que es necesaria”, y es la fuente de
todo servicio. Marta hubiera podido escuchar a Jesús desde la
cocina si su mente no hubiera estado tan ocupada criticando a su
hermana y quejándose con su invitado de honor.
Tres ideas importantes de la lectura:
-
María es alabada por “escuchar atentamente”, no
por estar “sentada sin hacer nada”.
-
Sin la oración, no se puede servir con amor. La
oración es el punto de partida de todo servicio.
-
Jesús le advierte a Marta que se cuide de tanta
ansiedad y preocupación. Marta no es maliciosa, sino que no
ha sabido captar el sentido de la visita del Señor.
Para la reflexión:
-
Muchas veces estamos
tan preocupados por cosas insignificantes que ignoramos la
más importante. Ofrecer un emparedado con amor es mejor que
dar un banquete con ansiedad y resentimiento.
-
¿Te has encontrado alguna vez en una situación
similar? ¿Que papel jugaste?
-
En tu opinión, ¿cuáles
son algunas cosas que realmente deben preocuparnos?
Lecturas recomendadas:
Catecismo de la Iglesia Católica, párrafos 2653; 2660; 2709;
2715-2716.

25 de julio de 2004
17o Domingo del Tiempo Ordinario [Ciclo C]
Lectura
del Evangelio según san Lucas 11:1-13 [Léase en voz alta]
Un día estaba Jesús orando en cierto lugar. Cuando terminaba su
oración, uno de sus discípulos le pidió: “Señor, enséñanos a
orar así como Juan enseñó a sus discípulos”. El les dijo:
“Cuando oren, digan: ‘Padre, que tu nombre sea santificado, que
venga tu Reino. Danos cada día el pan que debemos esperar.
Perdónanos nuestros pecados, pues nosotros mismos perdonamos al
que nos debe. Y no nos sometas a alguna prueba’”. Les dijo
también: “Supongan que uno de ustedes va a medianoche donde un
amigo para decirle: ‘Amigo préstame, por favor, tres panes,
porque me llegó un amigo de viaje y no tengo nada que ofrecerle’.
Pero el otro responde desde adentro: ‘No me molestes; la puerta
está cerrada y mis hijos y yo estamos acostados: no puedo
levantarme y dártelos’. Yo les digo que si el de afuera sigue
golpeando, por fin se levantará a dárselos. Si no lo hace por
ser amigo suyo lo hará para que no le siga molestando, y le dará
todo lo que necesita. Pues bien, yo les digo: pidan y les darán,
busquen y hallarán, toquen a la puerta y les abrirán. Porque
todo el que pide recibe, y el que busca halla, y al que llame a
mi puerta se le abrirá. ¿Qué padre de entre ustedes, si su hijo
le pide pan, le da una piedra, o si le pide pescado, en vez de
pescado le da una serpiente, o si le pide un huevo le pasa un
escorpión? Por lo tanto, si ustedes que son malos saben dar
cosas buenas a sus hijos, cuánto más el Padre del cielo dará el
Espíritu Santo a los que se lo pidan”.
Comentario breve:
Los rabinos de la época tenían como costumbre enseñar a sus
seguidores a orar. Por lo tanto, los discípulos, que eran
testigos de la comunión íntima de Jesús con su Padre, le piden
que les revele la manera más apropiada de dirigirse a Dios.
Jesús accede a sus peticiones enseñándoles la oración
fundamental, el Padre Nuestro. Esta oración aparece también en
el Evangelio de San Mateo en una forma más amplia y más conocida
por nosotros, sin embargo, los expertos consideran que la de
Lucas refleja mejor las palabras originales de Jesús. La oración
comienza con una palabra extraordinaria para referirse a Dios:
“Padre” (en hebreo: Abba), una manera íntima de dirigirse
a Dios que se traduce como “papito, papá”. Al invocar a Dios
como Padre, la oración nos hermana a todos los que la rezamos,
mientras pedimos que la voluntad de Dios reine en la historia
humana. Las tres peticiones finales giran alrededor de nuestras
necesidades: el pan cotidiano, el perdón de los pecados, y la
protección de Dios ante la tentación. El Padre Nuestro también
relaciona el perdón de Dios con el perdón entre nosotros.
Las dos parábolas posteriores nos invitan a perseverar en la oración aún
cuando ésta no sea respondida de la manera que queremos. La
comparación entre Dios y un padre de familia nos enseña cuán
absurdo es pensar que Dios pueda ser cruel con nosotros.
Tres ideas importantes de la lectura:
-
El Espíritu Santo es el don más importante que
podemos pedirle a Dios.
-
Cuando llamamos a Dios “Abba” afirmamos nuestra
comunión con Dios y con todos nuestros hermanos.
-
El perdón que damos es la respuesta al perdón
que recibimos de Dios.
Para la reflexión:
-
¿Qué importancia tiene la oración en tu vida? Explica.
-
¿Cómo vives la relación que existe entre todos los que llamamos a Dios
“Padre”?
Lecturas recomendadas:
Catecismo de la Iglesia Católica, párrafos 2607-2616;
2759-2854.
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