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Referendo,
conciencia y responsabilidad
Exhortación pastoral de la
Conferencia de Obispos de Venezuela
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Un funcionario
del Consejo Nacional Electoral de Venezuela (CNE) orienta a un
votante el 18 de julio, en Caracas, durante el simulacro de
referendo revocatorio presidencial. |
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Los Arzobispos y Obispos de
Venezuela, pastores del Pueblo de Dios, al reunirnos en nuestra
LXXXII Asamblea Ordinaria, enviamos, en nombre de Jesucristo, un
cordial y fraterno saludo a todos los venezolanos y a los
residentes en nuestro país.
En numerosas ocasiones nos
hemos dirigido a los católicos y a todos los venezolanos con el
propósito de compartir las preocupaciones del momento, ofrecer
nuestra visión pastoral de la realidad, libres de todo
compromiso con parcialidades políticas. Hemos anunciado la tarea
de construir entre todos una sociedad nueva y mejor, y hemos
denunciado proféticamente los vicios y desviaciones que han
hecho que nuestra democracia no haya alcanzado aún los deseados
niveles de desarrollo, justicia, honestidad y paz.
Una participación necesaria
Sentimos la
obligación cívica, moral y cristiana de reflexionar sobre el
novedoso acontecimiento que tendrá lugar el próximo 15 de agosto,
el Referendo Revocatorio Presidencial, cumplidos como han sido
los requisitos previstos en la Constitución Nacional.
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Un miembro de
la mesa de votación apaga una maquina de votación para probar la
eficacia de los planes de contingencia previstos para esa
jornada. |
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El referendo es
un derecho, no una dádiva, en orden a expresar la voluntad
soberana del pueblo. La participación en él se ha convertido en
deber ineludible de conciencia y responsabilidad. No debe ser
concebido como una guerra para hacer desaparecer al adversario,
sino como una oportunidad sin precedentes para evaluar una
gestión de gobierno, crear la posibilidad de encauzar
pacíficamente la convivencia y respetar e integrar las
diferencias.
En el momento de la más grave crisis que en la historia reciente
hayamos vivido los venezolanos, las partes presentes en la Mesa
de Negociación y Acuerdos, en mayo de 2003, coincidieron en que
la solución democrática, pacífica y electoral de dicha crisis se
lograría con la aplicación del artículo 72 del texto
constitucional mediante la convocatoria de Referendos
Revocatorios, entre ellos el presidencial.
Compromisos de los actores
Desde nuestra
misión de pastores exhortamos a los bautizados y a todos los
venezolanos a participar en el Referendo Revocatorio con
serenidad, civismo y libertad; a pronunciarse explícitamente
sobre la gestión del Presidente de la República y de su modelo
de gobierno; y a ejercer su derecho con criterios éticos de
verdad y justicia y sentido evangélico de libertad y de amor
fraterno. “La caridad tiene un nombre sagrado y grave: se llama
responsabilidad” (Pablo VI).
Al Consejo Nacional
Electoral le corresponde facilitar el Referendo sin que se
exijan excesivos requisitos reglamentarios que impidan o
retarden su desarrollo. Los resultados serán totalmente
aceptados solamente si el organismo electoral contribuye a
disipar las sombras y dudas, llegando a un consenso razonable y
ético entre sus actores principales. Se debe rechazar cualquier
tentación de coacción o fraude, que significaría una violación a
la dignidad ciudadana y podría provocar impugnaciones, rechazos
e incluso un desenlace violento.
Al Plan República le compete
apoyar con imparcialidad y eficiencia profesional el proceso
refrendario, ofreciendo a los participantes seguridad y
confianza, sin inmiscuirse en tareas que no son de su
competencia. En cualquier caso, la Fuerza Armada deberá asumir
su responsabilidad con prontitud, eficacia y escrupuloso respeto
a los derechos humanos y a las instituciones.
A los líderes políticos los
exhortamos a que empleen un lenguaje de altura, eviten enojosas
confrontaciones que profundizan la acentuada polarización
social, y se abstengan de toda manipulación política e
ideológica, actuando conforme a la verdad.
A los Medios de Comunicación
Social les recordamos que la exigencia ética en su noble y
delicada misión es la de transmitir la información con
objetividad, veracidad y equidad. Su contribución es muy
importante para fortalecer el respeto a las diversas opiniones y
propiciar un clima de paz en la familia y en la sociedad.
A los Observadores
Internacionales, que en todo el mundo prestan un excelente
servicio de seguimiento a los procesos electorales, les
solicitamos que continúen dando su aporte. Las autoridades
deberán facilitarles su trabajo, pues constituye un aval de
credibilidad de vital importancia.
Mirar al futuro
Ratificamos que, más allá de
una salida electoral a la presente crisis, es absolutamente
necesario llegar a un acuerdo de gobernabilidad entre todos los
venezolanos, sin que nadie quede excluido por ideología u opción
política. Todos somos parte de la solución. Un país dividido o
fracturado se paraliza y, aún más, se destruye. En este sentido
renovamos el llamado que hicimos al comienzo de este año: “La
situación actual impone la necesidad de un entendimiento entre
todos los ciudadanos, en particular, entre las fuerzas políticas
del gobierno y de la oposición. El verdadero entendimiento
supone, ante todo, reciprocidad, respeto y apertura ante los
diversos puntos de vista, como debe ser en toda democracia” (Exhortación
colectiva “Seamos auténticos servidores del pueblo”, 9 de enero
de 2004).
El camino fundamental hacia
la paz, que todos los ciudadanos anhelamos, es la reconciliación.
Esta supone una verdadera conversión de mente y de corazón y una
disposición a vivir, concertar y actuar libremente conforme a la
verdad. La conversión y la reconciliación deben llevarnos a
considerar al adversario no como un enemigo al que se busca
destruir, sino como un hermano al que se debe respetar, aceptar
y perdonar. “No hay paz sin justicia y no hay justicia sin
perdón” (Juan Pablo II, Mensaje en la Jornada de la Paz de
2004).
Venezuela necesita y anhela,
ciertamente, que sus dirigentes sean capaces de entenderse en un
proyecto básico común de país. Este es, sin duda, el mayor
reclamo del momento. Las soluciones de los grandes y graves
problemas no se improvisan, no son fruto del azar ni de
mesianismos políticos. El país exige un liderazgo auténtico,
responsable y promotor. Los líderes, que tienen la misión de
guiar a las naciones, les hablan con la verdad, les proponen y
señalan el camino, y las ayudan a sortear los escollos.
La fe en Dios es fuente de
esperanza, aun en medio de las situaciones más difíciles. Los
conflictos nos enseñan a descubrir la dignidad de la persona
humana, el valor del diálogo como camino para encontrarnos en la
diferencia, la importancia de organizarnos a fin de alcanzar
metas en la defensa de la libertad, y la necesidad de paciencia
en las negociaciones. Todo ciudadano debe esforzarse en el
ámbito familiar, laboral y local por desechar conductas
impositivas e intransigentes, y asumir una actitud tolerante y
dialogante.
Conclusión
Dios, principio y fin de la
historia (Cfr. Ap 1,8), camina con su pueblo. También hoy camina
con nosotros en estas circunstancias críticas. Acerquémonos a
El. No existen fórmulas mágicas para enfrentar los grandes
desafíos de nuestro tiempo. No será una fórmula la que nos
salve, pero sí una persona, la de Jesucristo, y la certeza que
él nos infunde, cuando nos dice: “¡Yo estoy con ustedes!” (Cfr.
Juan Pablo II, Carta Apostólica “Al comienzo del nuevo milenio”,
29).
La oración, signo y
expresión de nuestra fe, nos ayuda a llevar adelante la ingente
tarea que tenemos entre manos. Invitamos a los hermanos
sacerdotes, a los miembros de Institutos de Vida Consagrada y a
los fieles laicos, a unir nuestras oraciones en una Novena a
Nuestra Madre, la Virgen María, durante los días 6 a 14 de
agosto próximo, pidiendo por el normal desarrollo del Referendo
Revocatorio.
Nuestra Señora de Coromoto,
que desde los comienzos de nuestra formación como pueblo ha
acompañado, con cariño maternal nuestros pasos, nos guíe e
interceda, como en las bodas de Caná (Cfr. Jn 2, 1-11), para que
se adelante la hora del vino nuevo de la reconciliación y de la
paz.
Esta exhortación será leída
el domingo siguiente a su recepción en todas las misas que se
celebren en los templos y lugares de culto.
Con nuestra afectuosa
bendición,
Los Arzobispos y Obispos de Venezuela
Caracas, 12 de Julio de 2004
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