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El periodismo, la verdad y los signos de los tiempos

Dora Amador Morales

El periodismo en Estados Unidos está en profundo proceso de transformación y no sólo porque se desenmascare la supuesta “objetividad” en la búsqueda y difusión de la verdad.

La noticia tendenciosamente falsa dada por Dan Rather en la cadena CBS es sólo uno de los escándalos más recientes; hace unos meses fue The New York Times, cuando el diario se vio forzado a despedir a varios editores y ejecutivos por permitir la publicación de historias fabricadas por un reportero que pasaba gato por liebre en la sala de redacción del “mejor y más veraz” periódico del mundo. Este caso, sin embargo, carece de maldad en el sentido de que los editores y ejecutivos no tenían la intención explícita de engañar a los lectores, sólo el reportero, que burló a los expertos.

La agenda desinformativa y engañosa se la reserva The New York Times –y un buen número de otros periódicos y cadenas televisivas– para criticar a la Iglesia Católica. Y aquí radica lo perverso de muchos medios: pretender ser “objetivo” y decir “la verdad” cuando se tienen agendas políticas, económicas o antirreligiosas.

Pero como decía al principio, se avizoran cambios grandes en los medios de este país. Primero creo que la prensa dejará de simular “balance” en la información y será honesta en su postura: conservadora –tipo Fox News–, liberal, gubernamental, sensacionalista y vulgar, sin pretensiones de nada, etcétera. Segundo: en las salas de redacción estadounidenses se verán más reporteros hispanos, gente que pueda salir a “conseguir la historia” en el idioma y la cultura en que se dan los eventos, y editores que culturalmente entiendan de qué se trata a fondo el contenido y eviten errores o banalizaciones por falta de sensibilidad o por discriminación contra los lectores hispanos, sean bilingües o no.

En cuanto a la explosión de los medios de comunicación en español, la vanguardia estuvo en las empresas de publicidad, expertas en olfatear mercado y ganancia. Le siguen ahora a toda velocidad los periódicos en español, y sólo cito el caso reciente de Orlando –acá en el sur profundo le sigue Palm Beach– transformada ya en una ciudad completamente bilingüe, con varios periódicos hispanos. Por supuesto, en el norte también están Chicago, Nueva York, Washington, Filadelfia, Boston, y otros lugares que preparan o han lanzado ya diarios locales en español. No es necesario hablar de California o Texas.

Dentro de este marco de grandes cambios culturales en los medios, hay uno que me interesa mucho. Es la magnífica noticia de que la Universidad St. Thomas proyecta iniciar un programa de Maestría en periodismo católico. ¡Gracias sean dadas a Dios! Y también a Gloria Ruiz, directora de Artes de la Comunicación, Inglés y Humanidades de la universidad, quien tuvo la genial idea que estoy convencida le fue inspirada por el Espíritu Santo.

Porque uno de las mayores descaros que cometen los medios seculares de prensa es asignarles artículos sobre religión a reportero/as que no saben nada del tema, mucho menos tienen fe, y si la tienen la disimulan, porque es algo hasta ahora no bien visto en los medios. Es insultante. Imaginemos a un periodista que no sabe de deportes ni le interesan, que lo asignen a cubrir noticias deportivas. Y que el editor o la editora tampoco conozca mucho y lo apruebe para publicación. ¡Qué de disparates saldrían y qué insulto para los lectores interesados o aficionados al deporte! Lo mismo se aplica a la religión.

Ahora es que la prensa está despertando –sobre todo después del 11 de septiembre– a la importancia enorme que tiene la fe en la vida de la gente. Sobre todo muchos se han dado cuenta de que ese mercado cristiano –porque Estados Unidos es mayoritariamente cristiano– está untapped, sin explotar económicamente, y de él se pueden sacar enormes beneficios económicos. Sea por la idolatría al dinero o por un genuino interés en el periodismo serio, lo cierto es que a la religión le ha llegado la hora de ocupar su lugar respetable en los medios.

Qué buena noticia. Que estudiantes católicos interesados en periodismo no tengan que ocultar su religión cuando lleguen a las salas de redacción, sino por el contrario, si quieren, cuando se gradúen, solicitar el beat de su fe, y así fundirla con su profesión en una preciosa y fecunda misión: anunciar el Reino de Dios. ¿Se atreverá la prensa? Pero es que además se avecina también la proliferación de los medios católicos en Estados Unidos, y por cierto, muchos de ellos en español.

Idealmente, el periodismo secular está comprometido con la verdad. El periodismo católico encuentra esa verdad en la vida y el mensaje de Jesucristo y en el magisterio de la Iglesia. El periodismo católico mira los eventos a la luz del Evangelio.

Sueño con el día en que la Buena Noticia del Reino, de la misericordia infinita de Dios y de nuestra redención transforme, convierta. Aquí en La Voz Católica lo intentamos hacer y me anima siempre, en el arduo trabajo diario, la idea de que, por lo menos, algunos corazones sean tocados por las palabras que aquí se publican. Pero sé que con sólo una persona que se acerque a Dios, es decir a la verdad, a través de la prensa católica, la misión se habrá cumplido, porque, para nosotros, la verdad es una sola, y es Jesucristo.