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Dignidad para
recibir la Sagrada Comunión
Cardenal Joseph Ratzinger
Ciudad del Vaticano
Principios Generales
1. Presentarse para recibir la Sagrada Comunión debería ser una
decisión consciente, basada en un juicio razonado respecto al
merito personal para hacerlo, según los criterios objetivos de
la Iglesia, haciéndose preguntas como: “¿Estoy en plena comunión
con la Iglesia Católica? ¿Soy culpable de algún pecado grave?
¿He incurrido en una pena (p.ej. la excomunión, el entredicho)
que prohíbe que reciba la Sagrada Comunión? ¿Me he preparado
ayunando por lo menos una hora antes?” La práctica de
presentarse indiscriminadamente a recibir la Sagrada Comunión,
simplemente como consecuencia de estar presente en la Misa, es
un abuso que debe ser corregido (cf. Instrucción Redemptionis
Sacramentum, números 81, 83).
2. La Iglesia enseña que el aborto y la eutanasia son pecados
graves. La Carta Encíclica Evangelium vitae, respecto a
decisiones judiciales o leyes civiles que autorizan o promueven
el aborto o la eutanasia, declara que existe “una grave y clara
obligación de oponerse por la objeción consciente... En el caso
de una ley intrínsecamente injusta, como una ley que permite el
aborto o la eutanasia, nunca es lícito por tanto obedecerla, o
‘participar en una campaña de propaganda a favor de tal ley o
votar por ella’” (n. 73). Los cristianos tienen “una grave
obligación de conciencia de no cooperar formalmente en prácticas
que, aún permitidas por la legislación civil, son contrarias a
la ley de Dios. En efecto, desde el punto de vista moral, nunca
es lícito cooperar formalmente con el mal…Tal cooperación nunca
puede ser justificada invocando el respeto a la libertad de
otros o apelando al hecho de que la ley civil lo permite o lo
requiere” (n. 74).
3. No todos los asuntos morales tienen el mismo peso moral que
el aborto y la eutanasia. Por ejemplo, si un católico discrepara
con el Santo Padre sobre la aplicación de la pena de muerte o en
la decisión de hacer la guerra, éste no sería considerado por
esta razón indigno de presentarse a recibir la Sagrada Comunión.
Aunque la Iglesia exhorta a las autoridades civiles a buscar la
paz, y no la guerra, y a ejercer discreción y misericordia al
castigar a criminales, aún sería lícito tomar las armas para
repeler a un agresor o recurrir a la pena capital. Puede haber
una legítima diversidad de opinión entre católicos respecto de
ir a la guerra y aplicar la pena de muerte, pero no, sin
embargo, respecto del aborto y la eutanasia.
4. Aparte del juicio de un individuo respecto a su propia
dignidad para presentarse a recibir la Santa Eucaristía, el
ministro de la Sagrada Comunión se puede encontrar en la
situación en la que debe rechazar distribuir la Sagrada Comunión
a alguien, como en el caso de un excomulgado declarado, un
declarado en entredicho, o una persistencia obstinada en pecado
grave manifiesto (cf. Can. 915).
5. Respecto al grave pecado del aborto o la eutanasia, cuando la
cooperación formal de una persona es manifiesta (entendida, en
el caso de un político católico, como hacer campaña y votar
sistemáticamente por leyes permisivas de aborto y eutanasia), su
párroco debería reunirse con él, instruirlo respecto a las
enseñanzas de la Iglesia, informándole que no debe presentarse a
la Sagrada Comunión hasta que lleve a término la situación
objetiva de pecado, y advirtiéndole que de otra manera se le
negará la Eucaristía.
6. Cuando “estas medidas preventivas no han tenido su efecto o
cuando no han sido posibles”, y la persona en cuestión, con
obstinada persistencia, aún se presenta a recibir la Sagrada
Comunión, “el ministro de la Sagrada Comunión debe rechazar
distribuirla” (cf. Declaración del Pontificio Consejo para los
Textos Legislativos “Sagrada Comunión y Divorcio, Católicos
vueltos a casar civilmente” [2002], números 3-4). Esta decisión,
propiamente hablando, no es una sanción o una pena. Tampoco es
que el ministro de la Sagrada Comunión está realizando un juicio
sobre la culpa subjetiva de la persona, sino que está
reaccionando a la indignidad pública de la persona para recibir
la Sagrada Comunión debido a una situación objetiva de pecado.
[N.B. Un católico sería culpable de cooperación formal en el
mal, y tan indigno para presentarse a la Sagrada Comunión, si
deliberadamente votara a favor de un candidato precisamente por
la postura permisiva del candidato respecto del aborto y/o la
eutanasia. Cuando un católico no comparte la posición a favor
del aborto o la eutanasia de un candidato por otras razones,
esto es considerado una cooperación material remota, la cual
puede ser permitida ante la presencia de razones proporcionales].
Prefecto para la Congregación de la Doctrina de la Fe.
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