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La fe es conocimiento y experiencia
Ana Rodríguez-Soto
The Florida Catholic
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Paulina
Toro (de 13 años, izquierda), de la parroquia Our Lady of the
Holy Rosary, de Homestead, y Catherine Javellana (de 16 años),
de la parroquia Our Lady of Lourdes, de Miami, diseñaron las
cubiertas ganadoras para el congreso de educación religiosa de
este año. Sus dibujos fueron escogidos entre cientos de obras
presentadas por estudiantes de toda la Arquidiócesis.
Fotos: Ana Rodríguez-Soto |
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¿De qué vale conocer el catecismo si el corazón “no arde dentro
de ustedes”?
¿De qué vale un encuentro personal con Jesús, si se desconocen
las verdades fundamentales de la fe?
“Estas son preguntas de controversia en una Iglesia en
controversia”, dice Mons. Raymond East, director de la Agencia
de los Católicos Negros y vicario de Evangelización de la
Arquidiócesis de Washington.
Mons. East fue el orador principal en el primero de los dos
congresos de educación religiosa auspiciados por la Agencia de
Educación Religiosa de la arquidiócesis. Más de 550 catequistas
y padres asistieron al primer congreso, el 9 de octubre, en
Miami-Dade; unos 300 asistieron al segundo, en el condado
Broward, donde el orador principal fue el Hno. Loghlan Sofield,
ST, conferencista de reconocimiento internacional y director
principal de la revista Human Development.
Durante su vívida presentación, amenizada por canciones en
inglés, español y hebreo, Mons. East describió la división que
existe actualmente en la educación religiosa, entre quienes
dicen que es preciso “volver a las raíces” y enseñar los dogmas
fundamentales de la fe, y quienes dicen que la gente debe tener
un encuentro personal con Jesús.
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En su vívida presentación, Mons. Raymond East exhortó a los
catequistas a aplicar los principios contenidos en la
Guía Catequética General. |
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“He conocido a muchísimos jóvenes que nunca han tenido una
experiencia real con Jesús”, dijo Mons. East.
También recordó haber visto a un grupo de jóvenes que apenas
sabían hacer la señal de la cruz.
Antes del Vaticano II, dijo, “teníamos el catecismo.
Memorizábamos las definiciones. Nos aprendíamos las oraciones.
Éramos católicos”.
En la actualidad, muchos jóvenes abandonan la Iglesia a pesar de
haber recibido educación religiosa o de haber estudiado en
escuelas católicas durante años.
“Si encontramos una forma de hacer que los principios que
tenemos aquí cobren vida entre la gente, el Evangelio se
difundirá”, señaló Mons. East, refiriéndose a la Guía
Catequética General emitida por el Vaticano en 1997. “Es como el
manual para los catequistas de todo el mundo”.
Y dice que no debe haber separación entre el contenido y la
experiencia.
“La Guía Catequética dice que hay que atender a ambas cosas.
Para realizar su tarea, la catequesis tiene que reunir ambas”,
dijo Mons. East.
Una de las formas en que algunas diócesis están combinando el
contenido con la experiencia es mediante la “catequesis de toda
la comunidad”, lo que equivale fundamentalmente a utilizar cada
reunión comunitaria “para profesar nuestra fe, para catequizar
litúrgicamente”.
Esto significa aprovechar cada ocasión para reunir a la gente y
enseñarle, incluyendo las bodas, los bautizos, las procesiones
públicas y –en la comunidad hispana– hasta las fiestas de las
quinceañeras.
Significa, puntualizó Mons. East, “que toda la comunidad se
vuelve catequista”.
En una entrevista de seguimiento, indicó que relegar a los
catequistas a un grupo separado en un día específico de la
semana es lo contrario de lo que Jesús hizo. “Jesús enseñaba a
los adultos y jugaba con los niños. Nosotros enseñamos a los
niños y jugamos bingo con los adultos”.
Mons. East les dijo a los catequistas que la catequesis de toda
la comunidad significa que “estamos trabajando con todo el mundo”
cada vez que la comunidad se reúne, especialmente los domingos.
Explicó que la catequesis de toda la comunidad podría realizarse
de esta manera: en la Misa del domingo, se le propone una
pregunta a toda la comunidad para que reflexione sobre ella
durante la semana; se repite la pregunta a los niños escolares
el lunes; el personal de la parroquia habla durante ella en su
reunión del martes; cada familia dedica la noche del miércoles a
releer el Evangelio del domingo y a discutirlo en casa; el
jueves, los grupos parroquiales se reúnen para reflexionar sobre
la pregunta, y el viernes por la noche los grupos se vuelven a
reunir para compartir sus respuestas, lo cual podría incluir
alguna actividad caritativa o de justicia social. El proceso se
repite con una pregunta diferente para cada semana.
“Todo los días, piensan” en la pregunta. “Tratan de encontrar la
respuesta en sus vidas”, dijo Mons. East.
“Si nos reuniéramos de esta manera: toda la comunidad enfocada
en la palabra de Dios, tal como ésta se proclama cada domingo…
no tendríamos espacio para toda la gente que habría en nuestra
Iglesia”, les dijo a los catequistas. “Debemos animarnos a
asumir este concepto muy en serio”.
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