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R E F L E X I O N E S   C A T Ó L I C A S
S O B R E   L A   B I B L I A

 

7 de noviembre de 2004, 32o Domingo del Tiempo Ordinario [Ciclo C]

Evangelio según San Lucas 20:27-38

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús algunos saduceos, quienes niegan la resurrección de los muertos, y por eso le preguntaron: “Maestro, Moisés nos enseñó lo siguiente: ‘Si uno tiene un hermano casado que muere sin dejar hijos, debe casarse con la viuda para tener con ella hijos que llevarán el apellido del difunto’. Había, pues, siete hermanos. Se casó el primero, y murió sin dejar hijos. El segundo y después el tercero se casaron con la viuda. Y los siete murieron igualmente, sin dejar hijos. Finalmente murió también la mujer. Esta mujer, si hay resurrección de los muertos, ¿de cuál de ellos va a ser esposa, puesto que los siete la tuvieron por esposa”? Jesús les respondió: “En este mundo los hombres y las mujeres se casan. Pero los que merezcan tener la otra vida y resucitar de entre los muertos, ya no se casarán. Y tampoco morirán, porque serán semejantes a los ángeles. Y son hijos de Dios, pues El los ha resucitado. En cuanto a saber si resucitan los muertos, ya Moisés lo dio a entender en el pasaje de la Zarza en el que llama al Señor, Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob. Ahora bien, Dios no es Dios de muertos, sino de vivos; pues para Él siguen viviendo”.

Comentario breve:

Los saduceos eran miembros de un partido muy influyente dentro del pueblo judío y no aceptaban la idea de la resurrección. En la lectura de hoy, trataron de usar una historia absurda para ridiculizar la creencia en la resurrección de los muertos. Al cuestionar a Jesús en público, lo forzaron a ponerse de parte de ellos o a quedar como un tonto aceptando una situación inverosímil. La ley a la que se referían se encuentra en Deuteronomio 25, 5-10 y Ruth 3,9-4,12, pero al igual que otras prescripciones legalistas, son absurdas cuando se toman ‘literalmente’. Como el propósito fundamental de esta ley era asegurar la continuidad del apellido, Jesús les indica que este argumento es ilógico en la vida celestial, pues allí, al no haber muerte, ¡no hay razón para la procreación! Jesús también les enseña que aún Moisés creyó en la resurrección pues habló de Abraham, Isaac y Jacob ‘vivos’ delante de Dios.

Tres ideas importantes de la lectura:

  • Los saduceos trataron de aplicar conceptos humanos al misterio de la resurrección. Eran incapaces de imaginarse una vida diferente a la terrena.

  • La vida eterna de la resurrección y la existencia humana son dos realidades diferentes.

  • Dios es el Dios de los vivos y la relación de amor que tiene con nosotros no terminará con la muerte corporal.

Para la reflexión:

Después de una pausa breve para reflexionar en silencio, comparta con otros sus ideas o sentimientos.

  1. ¿Crees en la resurrección? ¿Cómo afecta tu vida esta creencia? Explica.

  2. ¿Has tratado alguna vez de ridiculizar a alguien haciéndole preguntas absurdas en público?

  

14 de noviembre de 2004, 33er. Domingo del Tiempo Ordinario [Ciclo C]

Evangelio según San Lucas 21:5-19

En aquel tiempo, algunos hacían notar a Jesús las hermosas piedras y los ricos adornos que habían sido regalados al Templo. Jesús dijo: “Llegará el tiempo en que de todo lo que ustedes admiran aquí no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido”. Le preguntaron entonces: “Maestro, dinos cuándo sucederá eso. ¿Cuál será la señal de que va a suceder?” Jesús les contestó: “Tengan cuidado y no se dejen engañar, porque muchos vendrán en mi lugar, diciendo: ‘Yo soy el Salvador, ésta es la hora de Dios’. No los sigan. Cuando oigan hablar de guerras y revoluciones no se asusten, porque primero tiene que pasar eso, pero el fin no vendrá en seguida”. Después les dijo: “Se levantará una nación contra otra, y una raza contra otra. Habrá grandes terremotos, pestes y hambre en una y otra parte. Se verán también cosas espantosas y señales terribles en el cielo. Pero antes de eso, a ustedes los tomarán presos y los perseguirán, los entregarán a los tribunales judíos y los llevarán a las cárceles; los harán comparecer ante los reyes y gobernadores porque llevan mi nombre. Esta será para ustedes la oportunidad de dar testimonio de mí. No se olviden entonces de lo que ahora les advierto, de no preparar su defensa. Porque Yo mismo les daré palabras tan sabias que ninguno de sus opositores las podrá resistir o contradecir. Ustedes serán denunciados por sus padres, hermanos, parientes y amigos y algunos de ustedes serán ajusticiados a causa de mi nombre. Sin embargo, no se perderá ni uno de sus cabellos. Manténganse firmes, y se salvarán”.

Comentario breve:

Desde los tiempos en que el Rey Salomón construyó el primer templo (986 A.C.), hasta la conquista de Babilonia en 586 A.C., los israelitas creían en la promesa que Dios le había hecho a David de una descendencia eterna, y vieron el templo como el símbolo de la protección divina. Incluso algunos de los profetas les habían advertido acerca de confiar demasiado en un templo de piedras (vea Jeremías 7:4). En el tiempo de Jesús, el templo de Herodes era también magnífico, y el pueblo puso su confiaba en la solidez de sus paredes. En la mentalidad popular, sólo el fin del mundo podría destruir el templo.

Cuando Lucas escribió su evangelio cerca del año 85, sus lectores habían sido testigos de la destrucción del templo por los romanos y sabían que era vano poner sus esperanzas en un edificio. Las palabras de Jesús relatadas aquí les recordó a los cristianos perseguidos que creer en El causaría divisiones, y que los que creían en su Santo Nombre sufrirían mucho. Lucas narra los signos apocalípticos (guerras, terremotos, plagas) que ya se habían cumplido.

Tres ideas importantes de la lectura:

  • En tiempos de guerra y temor, prestamos gran atención a los mensajes de los falsos profetas. Lucas nos recuerda que estos signos han aparecido en cada época, pero que no indican ni el día ni la hora del regreso de Jesús.

  • Jesús promete la protección espiritual a todos los que sufren en su Nombre.

  • Los seguidores de Jesús han de cargar su cruz hacia el calvario como El lo hizo.

Para la reflexión:

Después de una pausa breve para reflexionar en silencio, comparta con otros sus ideas o sentimientos.

  1. A pesar de que todas las predicciones sobre el fin del mundo han fallado, la gente sigue tratando de adivinar. ¿También pasas tú el tiempo escuchando a los falsos profetas?

  2. ¿Tienes miedo de que se burlen de ti por razón de tu fe? ¿Crees que cuando llegue el momento Jesús te dirá lo que debes hacer y decir?

 

21 de noviembre de 2004, JESUCRISTO, REY DEL UNIVERSO [Ciclo C]

Evangelio según San Lucas 23:35-43

En aquel tiempo, la gente y los jefes se burlaban de Jesús diciendo: “Ya que salvó a otros, que se salve a sí mismo para ver si es el Cristo de Dios, el Elegido”. Los soldados también se burlaban de él. Cuando le ofrecieron de un vino agridulce para que lo tomara le dijeron: “Si tú eres el rey de los Judíos, sálvate a ti mismo”. Porque había en lo alto de la cruz un letrero que decía: ‘Este es el rey de los judíos’. Uno de los malhechores crucificado, insultándolo, le dijo: “¿Así que tú eres el Cristo? Entonces sálvate tú y sálvanos a nosotros”. Pero el otro lo reprendió diciéndole: “¿No temes a Dios, tú que estás en el mismo suplicio? Nosotros lo tenemos merecido, por eso pagamos nuestros crímenes. Pero él no ha hecho nada malo”. Y añadió: “Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino”. Respondió Jesús: “Realmente te digo que hoy mismo estarás conmigo en el Paraíso”.

Comentario breve:

La fiesta de Cristo Rey fue añadida al calendario litúrgico por el Papa Pío XI, el 11 de diciembre de 1925. La imagen del Rey Mesías aparece en todas partes del Antiguo Testamento, y los cristianos alaban a Cristo como Rey del universo. Pero la narrativa de hoy no deja lugar a dudas de que Jesús es un rey especial. Reinó desde la cruz, un instrumento de tortura que sirvió como su trono en medio del ridículo y las risas.

El episodio de los dos ladrones aparece sólo en el Evangelio de Lucas. El pecador penitente recibió la salvación a través del perdón de Jesús crucificado, y las palabras de Jesús mostraron con claridad que su muerte había abierto el camino a la salvación hoy. “La palabra paraíso era un término persa para describir un parque cerrado y fue utilizado en el Génesis para describir el Jardín del Edén. Los escritos hebreos posteriores consideraban el paraíso como un estado temporero de felicidad para los justos antes del juicio final. Este es el significado que tiene aquí la palabra”. (The Collegeville Bible Commentary. The Liturgical Press, 1988).

Tres ideas importantes de la lectura:

  • La celebración litúrgica de Cristo Rey destaca la tensión entre el rey pobre y sufriente y la gloria del rey escatológico (fin de los tiempos). ¡El Reino de Dios ya está aquí, pero aún queda por ser revelado en su plenitud!

  • Jesús acogerá consigo a cuantos le reconocen humildemente como su único rey y Señor.

  • Jesús no se ajusta a los esquemas tradicionales de la realeza. Su Reino no es de poder sobre los demás, sino de compasión y comunión con todos.

Para la reflexión:

  1. Hoy muchos tienen dificultad aceptando esta clase de Reino. ¿Te sientes bien siguiendo este tipo de rey tan distinto a los de este mundo?

  2. ¿Qué podrías hacer para ser un mejor ciudadano de este Reino?

28 de noviembre de 2004, 1er Domingo de Adviento [Ciclo A}

Evangelio según San Lucas 17:5-10

En aquel tiempo, los apóstoles dijeron al Señor: “Auméntanos la fe”. El Señor respondió: “Si tuvieran fe del tamaño de un grano de mostaza, le dirían a ese árbol que está ahí; ‘Arráncate y plántate en el mar’, y el árbol obedecería. Supongan que uno de ustedes tiene un servidor* arando o cuidando el ganado. Cuando éste vuelve del campo, ¿le dicen ustedes acaso: ‘Ven en seguida a sentarte a la mesa’? ¿No le dicen más bien: ‘Prepárame comida, y ponte el delantal para servirme, y después que yo haya comido y bebido, tú lo harás a tu vez’? Y después, ¿se sienten agradecidos de ese siervo porque hizo lo que le mandaron? Esto vale para ustedes. Cuando hayan hecho todo lo que les ha sido mandado, digan: ‘Somos servidores que no hacíamos falta; sólo hicimos lo que debíamos hacer’”.

*Jesús no está aprobando la esclavitud ni la servidumbre, sino usando una imagen común de su cultura para que todos entendieran su mensaje.

Comentario breve:

La lectura de hoy trata de la fe y aparece en el contexto de varias enseñanzas de Jesús sobre el discipulado. La primera parte compara la fe a un grano de mostaza, una imagen exagerada para llevar un mensaje: la fe es tan poderosa que aún una cantidad mínima puede obrar milagros. La segunda parte habla de la calidad del servicio de los que dicen tener fe. Al igual que los sirvientes están supuestos a hacer lo que se les mande, los discípulos de Jesús han de tener una actitud de servicio. Anteriormente en este evangelio, Jesús se había enojado con los discípulos porque éstos pedían los primeros puestos y recompensas por seguirle. Hoy, Jesús se preocupa porque sus amigos piden un aumento de fe. ¿Es ésta una petición sincera nacida de un deseo de conocerlo mejor, o es que creen “merecer” más fe porque lo acompañan a Jerusalén?

Tres ideas importantes de la lectura:

  • Los seguidores de Jesús deben cuidarse de no esperar recompensa cuando sirven a los demás.

  • Cuando estamos motivados por la fe y no por la obligación, nos resulta más fácil decir: “Sólo hicimos lo que debíamos hacer”

  • La fe es algo radical. O la tenemos o no la tenemos; no puede ser medida. Dios hará que aún el grano de mostaza dé frutos abundantes.

Para la reflexión:

  1. ¿Espero recompensa por lo que hago por mis hermanos? ¿Qué me motiva a servir: mi fe o el deseo de ser admirado por todos? Explica.

  2. Cristo no vino como un monarca o un jefe, sino como un servidor. ¿He sentido alguna vez que el servir me disminuye como persona?